Antes de que aparecieras

Llevaba una vida normal. Estudiaba, trabajaba y en mis ratos libres ejercía de voluntaria en una asociación.

Sola en una ciudad en la que apenas conocía a nadie, sólo compañeros de trabajo e instituto y crecía personalmente ayudando a personas con diferentes capacidades.

Mis días pasaban entre aceitunas en el centro comercial, mis clases y mis chicos de la asociación, era feliz porque hacía lo que siempre había soñado. Me sentía realizada.

Por entonces podía tener unos 20 años y creía tenerlo todo.